Si hay un aroma que define a Calamocha, en territorio Adri Jiloca Gallocanta, es el del jamón. Y si hablamos de jamón con historia, calidad y arraigo, es imposible no pensar en Jamones Casa Domingo, una empresa familiar que lleva 50 años apostando por su tierra y por un producto que es emblema de toda la región.

Fundada en los años 70, Casa Domingo comenzó como un pequeño negocio con una idea clara: curar el mejor jamón posible, sin prisas y con el saber hacer heredado de generaciones. Hoy, medio siglo después, sigue fiel a sus principios, pero con la mirada puesta en la innovación y la excelencia. La empresa ha sabido crecer sin perder su esencia artesanal, algo que sus clientes, dentro y fuera de España, valoran enormemente.

El secreto de su éxito no es otro que la combinación de tiempo, clima y pasión. El aire frío y seco de Calamocha es el aliado perfecto para el curado de sus jamones, aportando ese sabor inconfundible que los hace únicos. “Aquí, la tradición manda, pero siempre con una pizca de evolución”, comentan desde la empresa, donde han sabido adaptarse a las exigencias del mercado sin traicionar su origen.

Casa Domingo no solo es sinónimo de buen jamón, sino también de compromiso con el territorio. En un momento en que la despoblación amenaza muchas zonas rurales, la empresa ha decidido seguir apostando por Calamocha, generando empleo y manteniendo vivo un sector que forma parte del ADN de la región. “Nos sentimos parte de esta tierra y queremos seguir contribuyendo a su desarrollo”, explican con orgullo.

A día de hoy, sus jamones continúan viajando por toda España y más allá de sus fronteras, llevando consigo un pedacito de Teruel. Y aunque la modernidad ha traído nuevos métodos y tecnologías, en Casa Domingo saben que hay cosas que nunca deben cambiar: el respeto por el tiempo, el mimo en cada pieza y, sobre todo, el amor por lo que hacen.