¿De dónde salen esas variedades de producto local desconocidas por casi todos y que luego las vemos por todos los sitios como el melón de Torres de Berrellén? De la investigación. Los grupos de acción local colaboran en investigación para que las variedades locales puedan ser comercializadas aportando un mayor valor al productor y haciendo que las variedades auctóctonas no se pierdan. Actualmente los grupos Omezyma y Adecobel , colaboran en el proyecto Olivos de Aragón que ha revelado la existencia de 30 nuevas variedades de olivos en Bajo Aragón, Matarraña y Belchite.
El proyecto se inició en 2020 con el objetivo de conocerlas variedades autóctonas, preservarlas y catalogarlas mediante análisis genético, a través de marcadores de ADN y caracterización morfológica, y concluirá en septiembre.
Los socios de esta iniciativa son el grupo Leader Bajo Aragón Matarraña (Omezyma), el grupo Leader del Campo de Belchite (Adecobel), Mariano Soria, Aceites Lis y Fruticultores de Caspe (Afruccas). Se reunieron en Alcañiz para conocer los resultados presentados por la investigadora del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), María José Rubio Cabetas.
Con la colaboración de la Red de Semillas de Aragón, a lo largo de la duración del proyecto se han geolocalizado 96 olivos singulares ejemplares. Una vez comparados estos datos con los del Banco Mundial del Olivo del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria (IFAPA) de Córdoba –aglutina más de 1.200 variedades de 29 países–, se ha determinado la existencia de 30 genotipos singulares nuevos, es decir, que no coinciden con las variedades catalogadas hasta ahora.
La labor de investigación continuará en la finca experimental que el Centro de Transferencia Alimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón tiene en Alcañiz, donde también se trabaja con melocotón y almendro. Allí se ubicará, el banco de germoplasma, la colección de olivos nuevos de Aragón que se seleccionarán una vez concluya la investigación. “Se van a multiplicar” los ejemplares de los nuevos genotipos, que con el tiempo tendrán un nombre consensuado con los propietarios de las fincas.
De modo que estamos ante “ejemplares únicos que ahora tenemos que ser capaces de propagar y, para algunos de ellos, caracterizar si el aceite que dan es mejor que el que ya existe en el mercado”, dijo Rubio Cabetas.
Y es que el objetivo final es “explotar las cosas autóctonas, darles valor y no perder biodiversidad para el futuro”, concluyó la investigadora.